La idea de que el terrorismo depende de los ojos que lo miran no
es nueva. Solo se hizo más evidente después de los
ataques del 11 de septiembre.
Los Estados Unidos exigieron, y en general recibieron, condena incondicional
de los abominables ataques; pero muy rápido comenzaron a
escuchar que el resto del mundo hacía énfasis en el
contexto y en las causas del terrorismo. Algunas personas en EEUU
también decían cosas similares, pero a esos se les
llamaba traidores o algo peor.
Hay una triste verdad que el gobierno de EEUU y muchos de sus ciudadanos
no logran comprender: al resto del mundo le molestan la vara doble
para medir las cosas. No se trata de que los demás países
siempre cumplen con las reglas. Pero lo que les molesta es la arrogancia
con que EEUU presume de perfecto, pese a que, una vez y otra, los
hechos desmienten esa presunción.
Por ejemplo, el gobierno de EEUU negó la visa a Dora María
Téllez, una de las más reconocidas figuras de la historia
latinoamericana reciente, quien ha visitado EEUU en el pasado y
quien es un icono de la revolución nicaragüense de 1979
que derrocó al dictador Anastasio Somoza.
Téllez, ahora una afamada historiadora, recibió un
puesto de profesora visitante de estudios latinoamericanos en el
departamento de divinidad de Harvard University.
El departamento de estado de Estados Unidos dijo a Téllez
que ella no era elegible porque había estado involucrada
en “actos terroristas”, los cuales, parafraseando a
un profesor de Harvard, la colocan en la misma liga de George Washington:
luchadores por la libertad contra “dictadores sangrientos”.
¿Recuerdan Saddam? Pero Téllez cometió el error
de luchar por una libertad que no era del interés de EEUU
y hasta ahí llega la comprensión de Washingotn.
Coincidentemente, la negativa de visado ocurre cuando John Negroponte,
también una figura famosa muy involucrada en la defensa de
los regímenes militares de Centroamérica en los años
setentas y ochentas, fue asignado por el presidente Bush al cargo
de Director de Inteligencia.
Vale recordar que, bajo el finado presidente Ronald Reagan, EEUU
se opuso al movimiento sandinista, incluso después de que
estos habían sido electos en 1984, y siguió apoyando
a los contras y alentando una salvaje guerra civil, pese a las repetidas
condenas y resoluciones de las Naciones Unidas. ¿Recuerdan
cuando Bush dijo que Saddam no obedeció las resoluciones
de la ONU?
De hecho, el escándalo Irán-contras que no logró
manchar la prístina imagen de Reagan, no necesita presentación.
Es muy irónico: en Irán y Nicaragua, los Estados Unidos
se opusieron y ayudaron a derrocar gobiernos democráticamente
electos – tal vez la primera y única democracia en
el Medio Oriente –, solo para después atacar Irak para
ayudar a establecer un gobierno democráticamente electo y
derrocar a un “sangriento dictador”.
Con Luis Posada Carriles, un militante anticastrista con una impresionante
historia de conspiración violente, EEUU está ante
el caso opuesto a Téllez. Acaban de hacerse públicos
los documentos que vinculan a Carriles con la CIA y que prueban
que él era parte de la plantilla de esta agencia.
En la cumbre de su carrera terrorista, Posada mató a, en
sus palabras, “73 perros”, y si hubieran sido perros
le habrían acusado de maltrato a los animales, pero eran
73 adolescentes de un equipo de esgrima, que regresaban a sus casas
en Cuba. Posada Carriles puso una bomba en el avión. No hubo
sobrevivientes.
Curiosamente, la administración de Bush no estaba segura
qué hacer con este caso: ¿se le debe considerar un
luchador por la libertad... como Osama? ¿O alguien que luchó
contra un dictador como ... Téllez? ¿Puede asesinarse
a civiles inocentes para llamar la atención como cree Osama?
¿O cualquiera que haga esto debe ser considerado un terrorista
y juzgado?
De nuevo, parece que el terrorismo depende del color del cristal
con que se mira, pero en esta cruzada por conquistar corazones en
la que EEUU se ha embarcado, vamos a necesitar definiciones más
claras.
Por ejemplo, ¿cuál es exactamente la diferencia entre
civiles inocentes y daños colaterales?
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