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Hora de las vacunas... y las lágrimas |
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| Vienen las lágrimas |
08/12/05
Como si el inicio del año escolar no fuera lo suficientemente caótico, los padres tienen que preocuparse también de llevar a los niños al médico a hacerse el chequeo médico anual y a actualizar su carnet de vacunación para mostrar en la escuela.
Es por eso que agosto es el Mes de concientización sobre la vacunación: coyuntura perfecta cuando los padres y los niños se preparan para el regreso a clases y la comunidad médica comienza preparaciones para la estación de la influenza.
Los requisitos de vacunación para las escuelas pueden variar ligeramente de un estado a otro, pero hay unas regulaciones nacionales que sirven de base. Algunos distritos escolares también exigen el examen de envenenamiento con plomo, problema que afecta particularmente a las comunidades hispana y negra.
Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan que los niños reciban vacunas contra difteria, tétano, pertusis, sarampión, paperas, rubeola, varicela, polio y otras. Los adolescentes deben vacunarse contra la hepatitis A, B, la meningitis y otras vacunas que no hayan recibido. Esas recomendadas para los adultos incluyen vacunas contra la influenza, el pneumococo, tétanos y difteria.
Muchas clínicas del área metropolitana de Washington ofrecen vacunas gratuitas o a bajo costo para cumplir con los requisitos escolares.
Afortunadamente, vivimos en tiempos en los que hay pocos recordatorios visibles del sufrimiento, las lesiones y las muertes prematuras que causan aquellas enfermedades que hoy en día se pueden prevenir fácilmente mediante las vacunas.
En la actualidad, hay decenas de miles de niños que están vivos y son sanos que no hubiesen sobrevivido a ciertas enfermedades infecciosas en la época en que no existían las vacunas. La mayoría de estos niños habrían muerto antes de los dos años de edad. Muy poca gente, incluso quienes son profesionales de la salud, ha presenciado enfermedades que antes eran comunes. Pero la realidad no siempre fue así.
En la década de 1950 la poliomielitis era una enfermedad muy temida. Los padres no dejaban que sus hijos nadaran o fuesen a colonias de vacaciones por miedo al contagio. Casi todos conocían a alguien que había quedado incapacitado por la poliomielitis. Este año se cumple el quincuagésimo aniversario de la introducción de la primera vacuna antipoliomielítica segura y eficaz.
Como a los inmigrantes se les exigen ciertas vacunas para propósitos de inmigración y también debido a las barreras del lenguaje y al cambio de médicos, algunos estudios han mostrado que los niños hispanos tienden a estar sobreinmunizados en comparación con los niños blancos.
“No es probable que la salud de un niño sufra por recibir demasiadas vacunas”, dijo Paul Darden, M.D., profesor de pediatría en la Universidad Médica de Carolina del Sur, “pero hay siempre la posibilidad de que algo malo ocurra, por ejemplo, una reacción alérgica a la vacuna. Las consecuencias no son graves, pero preferimos dar la cantidad correcta de vacunas en vez de exponer al niño a un riesgo, aunque pequeño, sin ningún beneficio adicional”.
Se recomienda que los padres mantengan el carnet de vacunación actualizado y lo guarden cuidadosamente. Si cambian los calendarios de inmunización o si uno va a otro médico, es importante que este sepa cuáles vacunas ya han sido administradas. |
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